Testimonios de estudiantes que han participado en actividades varias del ISCV
A través del presente escrito quiero expresar mi sentir respecto al ISCV, a partir de la experiencia que he adquirido participando en sus actividades durante los últimos 5 años, como una forma de apoyar la etapa de reestructuración que actualmente vive el Instituto.
Asistí por primera vez al ISCV el año 2005, cuando me inscribí en el seminario “Complejidad y Cálculo Mecánico” dictado por el Dr. Eric Goles. Por ese entonces recién iniciaba mis estudios de Magíster en Filosofía en la PUCV, luego de titularme de Ingeniero de Ejecución en Electrónica en la UTFSM, y recién entraba en el mundo de la complejidad gracias a un seminario realizado en la PUCV por el Dr. Ricardo Espinoza y el Dr. Esteban Vargas. Hoy, luego de participar en otras 7 actividades del ISCV (6 cursos y seminarios, y una Escuela de Verano), y realizando mi tesis de doctorado en filosofía en la que intento pensar la imagen de naturaleza en la complejidad, puedo resumir mi experiencia en el ISCV a través de los siguientes puntos: a) el contacto con científicos e investigadores de primer nivel tanto nacional como internacional; b) la creación de ideas propias a través de la discusión y estudio de las teorías y paradigmas que determinan el pensamiento de hoy en día; c) la diversidad y calidad intelectual del grupo humano que participa de las actividades del ISCV; d) la necesidad de aprovechar el impulso de los jóvenes estudiantes atraídos por la complejidad y el pensamiento en general.
a) Destaco en primer lugar, el contacto directo que en cursos, charlas y seminarios se logra con investigadores y científicos nacionales e internacionales de primer nivel (como por ejemplo Eric Goles y Gregory Chaitin, por mencionar sólo algunos) a quienes muchas veces sólo se los conoce de una manera un poco abstracta e impersonal a través de libros, papers, programas de televisión, etc. Esta despersonalización conduce a olvidar que son personas de carne y hueso como nosotros las que llevan adelante el curso del pensamiento y la ciencia, de tal manera que poder interactuar personalmente con estas destacadas figuras constituye un increíble impulso e incentivo para seguir adelante en nuestras actividades particulares e intentar llegar algún día al lugar que ellos ocupan, desarrollando nuestras propias ideas y teorías, escribiendo nuestros propios libros, etc.
b) Otro aspecto que quiero destacar es el invalorable esfuerzo de creación y desarrollo de ideas que se da en las diversas actividades del ISCV, a través de la discusión y el estudio de las teorías que están actualmente moviendo el curso de la ciencia, como la complejidad o los sistemas complejos. Participar del ISCV me enfrentó de golpe con personas que intentaban pensar por sí mismos temas difíciles pero fundamentales. Cuando creía que solamente esto se daba en los países desarrollados, me dí cuenta que aquí en Chile (y en Valparaíso, que parecía tan lejos de la ciencia de punta) se buscaba dar un paso adelante, y esto encontraba eco en muchos jóvenes estudiantes, investigadores y público en general (para constatar lo cual basta ver la cantidad de gente que participa en las distintas actividades ISCV) quienes querían ir a la vanguardia del pensamiento, y ya no a la retaguardia como muchas veces parecían condenados a hacerlo. Para mí ha sido fundamental estar expuesto, ser “contaminado” por estas ideas y discusiones durante todos estos años, gracias a las cuales he adquirido una plasticidad mental que me ha permitido ver las cosas de maneras distintas. En el ISCV encontré un lugar en el que no se trataba sólo de aplicación, de aprendizaje de herramientas o instrumentos, que era a lo que principalmente estaba acostumbrado por mi formación de ingeniería, sino que se trataba de pensar, de idear, de crear, de lanzarse a problemas como la vida, la conciencia, la justicia, la ciencia, la filosofía, problemas que determinan épocas, según sean las distintas respuestas que se les intenten dar.
c) También debo destacar el grupo humano con el que he compartido todo este tiempo, no sólo los investigadores y científicos de primer nivel a los que ya me he referido, sino los jóvenes estudiantes e investigadores de las más diversas disciplinas con los cuales he tenido ocasión de conversar y discutir. Es impresionante la amplitud de intereses que despierta la complejidad, la amplitud de disciplinas que atrae: ciencias naturales, ciencias sociales, humanidades, arte, política, etc. Se congrega en el ISCV un grupo heterogéneo, pero que comparte un similar interés por el pensamiento y la ciencia, constituyendo un riquísimo espacio para el fermento de ideas de diversa índole, en el que se ponen en juego temáticas imposibles de encerrar en los generalmente estrechos límites de las disciplinas, especialidades o estudios académicos al uso. Creo que mucha gente ha encontrado en el ISCV el lugar que buscaba, un lugar en el cual se la invita a romper los límites impuestos por las especialidades o por los marcos habituales de pensamiento.
d) Quiero destacar por último el impresionante entusiasmo y energía del que fui testigo al participar en la Escuela de Verano realizada este año, donde quedé impresionado por la atracción que causa el mundo de la complejidad en las nuevas generaciones de estudiantes. Es imprescindible aprovechar y encauzar este increíble potencial humano, estos jóvenes que ya no quieren estar a la saga del conocimiento y del pensamiento, sino que quieren pensar a la altura de los tiempos. El ISCV constituye un ente privilegiado para canalizar toda esta energía y entusiasmo.
Finalmente, y para terminar, quiero decir que todos estos años participando en el ISCV han constituido para mí una gran experiencia tanto en lo humano como en lo académico. Creo que el ISCV es un espacio único y privilegiado, que es imprescindible cuidar y sostener en el tiempo. Por esto me siento obligado a brindar todo el apoyo necesario a su nueva estructuración, como estoy seguro hacen también muchos de quienes han sido y siguen siendo parte de este Instituto. Es fundamental que el ISCV se mantenga en el tiempo para que tal como yo y otros jóvenes de mi generación que hemos tenido la oportunidad de participar en él, otras muchas generaciones puedan también decir presente. El ISCV es una ventana abierta al mundo grande del conocimiento y el pensamiento en y para nuestro país, un laboratorio de ideas, que muchos jóvenes agradecerán en el futuro cuando ocupen un lugar de privilegio y configuren el curso de su tiempo.
Ronald Duran
Doctorado Filosofía
P. Universidad Católica de Valparaíso
Valparaíso, Julio de 2009